Buscar este blog

9/10/17

Tras las huellas del tesoro de Cuellar

Por allá a mediados del siglo pasado, en este bendito pueblo, Sevilla, la del Valle del Cauca, corrían rumores, que en ciertas épocas del año, concretamente a mediados de año, cuando el sol veraniego calcina los huesos y sus frescas noches nos ponen a temblar; cuando las sombras de la noche se hacían más oscuras, dos mulas deambulaban por la ribera de la quebrada, arriadas por el alma de Cuellar, dicen quienes las vieron que los cascos de las mulas sonaban cuando se atascaban en el barro y que los doblones españoles y los riales tintineaban, que al alejarse quedaba el olor característico del oro y del azufre, decían los vecinos que las mulas llevaban en sus lomos de a dos cofres enormes con su tesoro.

Ocurrió por los lados de la vereda Limones, en tiempo aquellos donde aún los duendes, las brujas y los malos espíritus cuidaban los entierros.

Bueno fue así como lo relato uno de los ciudadanos.

Por esa época, en Sevilla había un grupo de pescadores, los que se reunían a departir un buen café y a contar historias de pesca, a cual más tenía el famoso callo, el cual se marcaba en el codo, al parecer así eran los peces que ellos sacaban, claro por supuesto eran las piezas más pequeñas, bueno entre café y café, charla y charla, un día cualquiera les llego el cuento, relatado según ellos por un testigo presencial.

Este grupo selecto de amigos organizo la expedición, porque además todos ellos eran amantes de la guaquería, entre ellos Miguel Ángel Cardona, Luis Guarín, Gustavo Gallego “Mamoncillo”, Freddy “Pichón de diablo”, dos personales más que no se sus nombres porque siempre los llamaban por sus chapas, “Malagana” y “Rellena”.

Bueno preparados para el viaje, nueve de la noche llego Gustavo a casa de Miguel de ansiosos lo esperaban Freddy, Miguel, “Malagana”,  “Rellena” y don Luis Guarín, empezó la expedición, era una camioneta prestada y bien destartalada, solo Gustavo sabia manejar esa joya de principios del siglo pasado, 40 minutos y destino final, desembarcaron al pie de la quebrada y Gustavo dejo la camioneta cerca al rio, bueno mientras las noche se perdía en una oscuridad profunda, empezaron a pescar mientras se iba llegando con lentitud la hora, algunos relámpagos en seco empezaban a iluminar la noche por allá a lo lejos pero también los relámpagos se acercan lentamente.  

Cuando la hora llego un relámpago ilumino el rio, detrás un estruendoso trueno, pero cuando se ilumino el césped, en él se proyectó una gruesa y negra figura, es Cuellar grito Luis Guarín, llego la hora dijo “Rellena”, hágale usted Miguel que es el que sabe de esto, Miguel avanzo unos metros en la oscuridad hasta encontrar la figura, se arrodillo delante de la figura que allí se pintaba y aparecía y desaparecía cuando el cielos se iluminaba; “de parte de dios todo poderoso que queres” “ eres el espíritu de Cuellar que deambula como alma en pena, si eres Cuellar, nos podrías compartir tu tesoro ¡ya tu no lo necesitas porque no eres de este mundo¡”, otra vez el cielo se ilumino y ahora la sombra se proyectaba como en un principio, Miguel arrodillado formando una extraña figura, es Satanás dijo “Pichón”, entonces los nervios de los guaqueros se crisparon, se ilumino nuevamente el cielo, “¡es el diablo en persona¡” grito “Pichón de diablo” esta vez con un tremendo alarido de pavor, el grupo se disolvió, corrían como guatines que corren veloces huyendo de las fauces de la jauría de lobos, Miguel y Freddy chocaron en la carrera, los dos cayeron encima de la figura con tan mala suerte que se enredaron sus pies, gritaban los dos tratando de pararse nos cogió, auxilio, nos lleva el putas, hasta que por un milagro se pararon y continuaron la huida, al correr, chumbulum al agua fueron a dar; Gustavo cuando escucho el grito de “Pichón”, arranco la camioneta y cruzo el riachuelo a tal velocidad que voló agua hasta Caicedonia, en su huida llego hasta la plaza de La Concordia, cuando llego, los pocos paisanos le preguntaron qué había pasado con los expedicionarios, en ese momento se acordó el pobre “Mamoncillo” que había dejado a sus compañeros de aventura  en manos del demonio. El resto de personal corría y corría, el pánico se había apoderado de todos, unos caían, otros se acordaron de los dioses y oraban de rodillas.

Pasaron las horas, empezaron a llamarse para ubicarse, unos respondían otros quedaron como estatuas y mojados sus pantalones, no se sabía si era orines o agua, todo fue llegando a la calma y bajo una palmera se fueron reuniendo hasta que amaneció, cuando ya el alba despuntaba y salieron los primeros rayos del sol, “Mamoncillo” llego en la vieja camioneta, la gallada estaba reunida de nuevo, sanos y salvos.

Envalentonados con la luz del día, retornaron al lugar donde se les apareció el espíritu de Cuellar y recrearon de nuevo el cuadro, reconstruyeron los pasos de nuevo para encontrar con gran decepción que lo que la luz  de los relámpagos proyecta era el tronco de una palma que el administrador de la finca había cortado y quemado días anteriores.

Estos amigos se quedaron sin el tesoro de Cuellar, sin las varas de pescar porque en la huida volaron quien sabe dónde.

Esta historia me la contó “Pichón de diablo”, a propósito el eco de su grito aun viaja por todo el Valle del Quindío.

El tesoro aún existe, si alguien lo quiere buscar, no olviden llevar un crucifijo por si algún demonio se salió del infierno sin permiso y quiere hacer travesuras.

Quien es Cuellar, no lo sé seguramente algún campesino que murió por allí y su espíritu aun deambula y que cierta noche de oscuridad quiere volver a la vida, o de pronto Cuellar era un rico hacendado que escondió sus tesoros y que no ha llegado el hombre al que se los quiera entregar.   

jairvalenciagaspar@yahoo.es       

Siga Leyendo »

5/4/17

Argemiro Quintero Mesa “Beethoven”

"Beethoven" un teórico de la música, un hombre de vasta cultura, nació en Armenia, Quindío pero desde joven se radicó en Sevilla, donde fue director de la banda municipal y profesor de música en el colegio General Santander. Murió en 1996, a la edad de 86 años, uno de los personajes más queridos  de esta población: Argemiro Quintero Mesa, musicólogo, bohemio, repentista y protagonista de un vasto anecdotario que repiten con gracia todas las generaciones de sevillanos.

Él siempre quiso que al final de su vida rezara en la piedra de su tumba como epitafio...“Estoy aquí en contra de mí voluntad ‘’


Hermano de Gonzaga “Totogol”, Maestro, porque odiaba que le dijeran profesor, hombre de paz, filósofo sin título y músico de profesión.

Entre blancas, negras, fusas, semifusas, corcheas y semicorcheas, construyo su mundo, un mundo lleno de experiencias y de una sencilla vida, cargada de anécdotas en las cuales muchos de los bohemios vivimos al lado de Argemiro.
Su cosmogonía fue al lado de la música, amaba la Clave de Sol, quizás porque fue el único sol que ilumino su vida, de echo la hizo reproducir en hierro forjado y soldarla a su ventana.

Me cuenta un amigo que por allá en el año de 1979, cuando el terremoto de Tumaco, departían con él, en el bar de Los Cambulos, todos los allí presentes, medio prendidos o tal vez medio borrachos salieron despavoridos, arrastrando mesas y quebrando envases,  en esa infernal estampida para salvar sus vidas, ubicándose en medio de la calle, al terminar el movimiento, a oscuras y después de ese susto tan verraco, se acordaron de Argemiro, volvieron sus pasos hacia el bar, lo encontraron sentado terminando el último trago de su caneca de aguardiente, le dijeron Argemiro, porque no salió con nosotros, no ve que se había podido caer la casa y matarlo, pero él con su envidiable sabiduría les contesto “no ven muchachos que afuera también estaba temblando”

En otra ocasión cuando fumar marihuana era pecado y un gran delito, un grupo de jóvenes, amigos de ustedes y míos, se deslizaron por las semi-oscuras calles hasta ubicarse en el atrio de la iglesia, hoy Basílica, con sus porros armados, creyendo que si los fumaban en el atrio, los iban a santificar y fumarían marihuana bendita, bueno ellos estaban embelesados  buscando los colores del universo y contando estrellas, me asegura uno de los amigos que hacían este ritual indio, que vieron una robusta y calva figura que salía del bar  Richard y se posaba al frente de ellos, muchachos que hacen allí, no es hora de la misa, mis amigos le responden maestro y usted que hace a estas horas, se puede resfriar y él en una de esas salidas que solo un genio tiene, se mete la mano a uno de sus bolsillos, hace que saca una moneda, se acerca a una tapa de acueducto, imita echar una moneda, mira hacia el cielo, mis amigos intrigados salen a la calle y también miran al cielo, le preguntan maestro que mira, les responde mirando al reloj de la iglesia muchachos la arepa que me comí ayer me hizo subir una libra, la mamada de gallo fue monumental.

Decía  Argemiro, que en Semana Santa no bebía por respeto a su hermana, porque cada año por esta época crucificaban y mataban a su cuñado, él era hermano de una monja sor Quintero y ella estaba casada con Cristo.

Otro día, a tempranas horas de la noche, va a un restaurante, compra un seco, como llamábamos la cena después de las nueve de la noche, en su camino y como era casi su costumbre cuando no estaba prendido, se arrimaba al club Los Alpes, este era un antiguo jugadero de rumi, veintiuna, dados y una que otra ruleta, bueno Argemiro sube las escalas, deja su cena sobre el mostrador y da su vuelta de rigor a ver si encontraba algún amigo que estuviera libando, pero parece que no encontró aninguno, al salir ohh sorpresa, no encontró la caja con su cena, se la robaron, el pobre hombre se quedó sin su cena;  tiempo después volvió a ingresar de nuevo al club, subió las escalas, deposito su caja en el mostrador, dio la vuelta de rigor y que tal, la caja desapareció, pero esta vez Argemiro salió sonriente, este gran músico y mejor filósofo, había metido una rata muerta  dentro de la caja, jajajajajajajajaja.

En una ocasión cuando se inauguraba la música sacra también en nuestra Basílica, la iglesia estaba llena de feligreses, entró con paso suave y pausado como siempre los hacia Argemiro Quintero Mesa, el filósofo, el músico y  Maestro como nos dijo un día que lo llamamos profe, que él no era profesor que él era un maestro, nos corrigió, hoy comprendo porque, bueno retomemos la historia que quedara grabada para siempre entre los sevillanos que asistieron al recital de música de la Sinfónica del Valle, Argemiro llevaba una bolsa que colocó a su lado para escuchar el recital, empezó el recital y al terminar se escucharon largos y cerrados aplausos, el director en un gesto de amabilidad para con los sevillanos, invito a quien quisiera dirigir la Sinfónica, Argemiro se levantó de su sitio y camino hacia el director, algunos murmuraban, otros sus cachetes coloreaban y otros sonreían esperando el oso que haría Argemiro, tomo la batuta y dirigió la Sinfónica como si fuera viejo conocido por las notas musicales interpretadas por los integrantes  de la Sinfónica, que sorpresa tan enorme y que palmo de narices para todos, Argemiro era mejor director que filósofo y que maestro, Sevilla entera se levantó y aplaudió sin cesar, aplausos que aún resuenan en nuestras mentes, la mayoría rompió en llanto e inflaron su pecho por tener semejante director entre los sevillanos. Cuando termino el director le pregunto su nombre  y el buen hombre le respondió que él era “Beethoven”.
   
No son pocas las anécdotas que se pueden escribir de este maestro, porque su vida entera está enmarcada en una sola anécdota, goterero de profesión, jamás compraba guaro, siempre iba de mesa en mesa, de bar en bar, gotereando guaro,  y para no perder su fama de goterero, en las últimas horas de la noche y ya cuando el dinero escaseaba en los bolsillos de sus amigos,  en el último bar, él llamaba al más amigo de la mesa y le daba plata para que comprara el caneco, así conservaba  su fama de goterero.

Cuando el maestro llegaba a un bar, desde la puerta atisbaba las mesas una a una por el rabillo del ojo, conocedor de su oficio y de los bares, inmediatamente localizaba a sus pupilos,  con la cultura  y sabiduría que poseía se acercaba y se sentaba, amigo Valencia, puedo sentarme, por supuesto, maestro, empezaban entonces sus relatos e historias, y de historia en historia, trago y trago, nadie lo alcanzaba, siempre terminaba primero, de la mesa el más descuidado o el que más se tardara en tomarse el trago, le iba mal, porque Argemiro, decía enroquemos y cambiaba su copa vacía por la que estaba llena del que se descuidara.

Cargaba en un bolsillo una arepa y en el otro un pan viejo, cuando se arrimaba donde su familia y le ofrecían comida, el solo recibía café, se sentaba y sacaba primero el pan y luego la arepa, claro que no los consumía todos, es más si se los comía, le decía Mery, (Mery, era mi suegra, prima hermana de Beethoven) regálame otra arepa, la que metía en una bolsa y luego a su bolsillo para llevársela. Argemiro, casi siempre chasqueaba y frotaba sus uñas generando un sonido especial, cuando llegaba a su casa y abría la puerta, empezaba a chasquear sus uñas, al instante aparecían unas enormes y robustas ratas que él alimentaba todos los días, hablaba con ellas constantemente, muchas veces las regañaba y alegaba con ellas.

Bellísimo personaje, nos deleitó con sus cuentos e historias, con sus enseñanzas y su alegría que contagiaba a cualquiera, pero un día, desapareció del panorama, murió, se fue dejándonos un gran legado, porque sé que contribuyo a la formación de muchos músicos en Sevilla, la del Valle del Cauca como diría el amigo Edgar Alzate.

Argemiro Quintero Mesa “Beethoven”,  se nos fue con su música a otra parte, hoy con su batuta,  sus partituras y la enorme Clave de Sol que tenía gravada en su mente, dirige música angelical en compañía de Orfeo (dios de la música),  escribe y dirige canciones con el coro celestial.          

Siga Leyendo »

23/3/17

Chávela

Era un hombre fornido, de una fuerza descomunal, de donde era…, no sé,  solo recuerdo que se distinguía por su sombrero negro, tal vez fue gris o quizá blanco, pero se veía negro y arrugado, seguramente por el uso y la  mugre. Chávela era un personaje de esos que nunca se olvidan, lo conocí en la Galería, transportando mercados en un canasto súper gigante, el cual tenía una cinta para colgárselo en la cabeza, y llevaba los mercados desde   la Galería hasta cualquier parte de Sevilla, por unas pocas monedas que le servían para sus alimentos y lo que le sobraba para ingerir cerveza.

Así fuimos creciendo él y yo,  él envejecía  cargando mercados y ganándose la vida, yo maduraba, crecía y lo observaba, siempre lo observaba, al principio me parecía gracioso pero un día al tratar de levantar el canasto de Chávela,   a raíz de ese ensayo, creo adquirí una hernia, entonces comprendí sobre la Sansonica y descomunal fuerza que seguramente se le daba la poca alimentación que comía, la cerveza y el cigarrillo, porque fumaba impresionantemente.

Un día me dije, quiero tener la fuerza de Chávela y empecé a injerir cerveza y oh que horror, la cerveza era solo para el personaje que marco esa historia por los lados de la Galería.

Cuando las fuerzas se le fueron agotando al pobre Chávela, ya no se le volvió a ver más por la galería cargando mercados, porque a propósito por ese tiempo apareció el odioso plástico, el que seguramente desplazo a todos los cargueros de mercados de la galería.

Algún día, cuando era yo un menor de edad todavía, pero adolecente de buen gusto, departía con  algunos de mis amigos, entre otros Jorge Enrique Gaviria “Once Pasos” en el café Changay, nos encontramos al querido y apreciado Chávela recogiendo los cunchos de cerveza que dejaban los borrachos, así fue que Chávela empezó a darle vueltas a todas las cantinas de nuestro pueblo tomando cunchos del preciado líquido, era muy común el verlo desde Luces de La Pampa, Luces De Buenos Aires, pasando por El Bar Miranda, por donde Franceny López, hasta la última cantina del Cementerio, tomando el amarillento y espumoso liquido  de cebada, cuando terminaba el recorrido se le veía a eso de las diez u once de la noche atajando piscos como decíamos, jincho, con una perra como nos decía cuando pasaba por La Porteñita  y nos veía allí , siempre se nos arrimaba, a su paso recogía las mesas y asiento que se interponían entre el andén y nuestra mesa, yo siempre le gastaba la última cerveza de la noche y no eran cunchos de nuestra beba, era el líquido recién destapado, aun cuando terminaba de injerir la cerveza entera, recogía  los últimos cunchos de la bodega de Franceny.

Para desenguayabar el día lunes, se iba por los lados de El Destapado, esperando a que abrieran la bodega de Bavaría que quedaba por allí, adivinen a que, pues a arrumar y a desarrumar las canastas de cerveza a ver si conseguía sus cunchos, allí si habían artos, otra vez quedaba con el cupo completo, casi dormido de la rasca tan tremenda.

Del pobre Chávela  solo queda el recuerdo, hoy su fantasma recorre las calles de Sevilla, en búsqueda mía, para que le gaste otra cerveza o en busca del  ultimo cuncho para poder descansar en paz.

Cando su fantasmagórica figura atraviesa los vacíos y silenciosos pasillos de la Galería, se detiene a reflexionar sobre su vida en este pequeño y paradisiaco mundo llamado Sevilla la del Valle del Cauca, Colombia

jairvalenciagaspar@yahoo.es   

Siga Leyendo »

10/3/17

El Campito

Divagando por mi pueblo, mi memoria aterriza hoy otra vez en el barrio Puyana.

En El Campito, lugar de reunión de futbolistas y de pichones de futbolistas, allí se armaban unos picados de padre y señor entre los equipos del barrio San Vicente y del barrio Puyana, que acompañaban sus respectivos equipos y sus  barras, barras bravas por cierto, todavía resuena en mi cerebro el bullicio y los enormes madrazos del joven Ernesto Pino, cuando perdía un balón, se le veía como echaba chispas porque además venia de su amigo Fabio Valencia, “El Cunda Valencia”, pero no El Cunda del Deportivo Cali, no, el hijo de Conrado.

Todavía Sevilla escucha los gritos de “Grillo”, la fuerza de Lucrecia “Montoyita”, “La Pulga”, “El Goido”, este “Goido” mascullaba para sí, nadie le entendía lo que decía, parecía como si estuviera comiendo o seria que llevaba fiambre y ninguno se daba cuenta, pero que mascullaba y le daba vuelta a su lengua como si se la fuera a tragar, los alegatos de Los Fontal eran fenomenales, los sermones del cura porque no lo dejaban dar la misa, las risas de los espectadores y los balonazos contra la pared de enfrente o en las paredes o el tejado de la iglesia.

Al pobre  Clímaco  casi siempre lo dejaban en la banca, yo no sé definir, si era por tronco o por peleonero, cuando a veces jugaba y se calentaba, se convertía en un espectador más.  

El Campito era un lugar fantástico, al lado de la iglesia del barrio Puyana, donde las palabras soeces eran el pan de cada día, unos porque les habían marcado un gol, otros porque perdían un balón y otros porque su esencia era de ser hombres que su irascibilidad estaba marcada, “Grillo” por ejemplo, de él aún resuenan sus madrazos y su padre don Eduardo todavía sus cachetes colorean de pena,  viendo a su hijo enardecerse en los picados que a diario se formaban en El Campito.

Mientras tanto el cura predicaba el evangelio en medio de gritos, groserías y obscenidades de los jugadores e hinchas furibundos que asistían a diario a los picados que se jugaban, claro que iban acompañados de las pobrísimas apuestas que por cada partido se hacían, partidos que se jugaban a cierto número de goles y sin jueces, los únicos jueces eran “su conciencia” deportiva y a veces se recurría a los aficionados por lo regular a los más viejos de la época, por lo general a don Eduardo Buitrago. 

Bueno el señor cura, tenía en ese entonces  un  miquito en la Casa Cural, que era maniático sexual, cuando veía a un hombre se  desesperaba, porque   se cagaba en la mano y les tiraba la mierda en la cara, no así cuando veía a una mujer, porque con ellas el trato era diferente, con ellas era la excitación total, les tiraba solo los orines,  mico grosero y mal educado.

Cuando el picado terminaba desfilaban, el primero era Ernesto Pino, la prole perdedora y ganadora en un  gesto de amistad sincera se sentaban en el andén de don Enrique Moreno a degustar los deliciosos helados que fabricaba doña Crusana, se refrescaban para iniciar un nuevo desafío y una nueva apuesta.

Era todo este vivir una mezcla rara de teología, vulgaridades, alegatos y algunas peleíllas que se daban de vez en cuando, era el circo de la vida que en su engranaje diario nos regalaban estos personajes que por mucho tiempo llenaron este espacio del barrio y de nuestras alegrías.  

Yo observaba, porque a propósito vivía en el barrio El Pinar, al lado de mi amigo Raúl Flores Duque,  diría yo que no sabía si estaba medio prendido o medio borracho pero no de trago, aunque no nos faltaba, la embriaguez era de conocimiento, nos pasábamos un fin de semana completo en su biblioteca, en grandes tertulias donde yo aprendía sobre la historia Inca, Maya, Muisca y donde conocí a un gran y fabuloso hombre de la cultura sevillana, escritor y crítico de la iglesia católica, hombre honesto y sabio, del cual me nutrí, más la compañía de nuestro amigo James Vélez Uribe, completaba el combo el profe Carlos Herrera, cuando estaba prendo como dicen, salía a la calle a decir que él era El Indio Quirama, nunca supe quién era el indio ese, don Fernando Alarcón se unía al grupo haciendo apuntes y aportes fabuloso a nuestros bohemios fines de semana y de invitado un vecino que le decían “Pegadilla”, buen hombre, pero cuando se emborrachaba nos hacía poner y repetir un  disco “El poncho de mi padre”, igual número de veces que el disco sonaba él lloraba, la razón jamás la supe, solo Raúl la sabia, nunca me lo dijo, bellísimas personas todas ellas.

Cuando paso por el barrio Puyana, recuerdo con muchísimo agrado y melancolía a mis amigos, y aun siento el calor, el bullicio, las misas, las risas, los madrazos  de El campito, me detengo y pienso en todo ello, con una mezcla de tristeza, nostalgia y alegría por el tiempo pasado y todos los buenos sucesos que me tocó vivir en ese hermoso sector.


Por | Jair Valencia Gaspar.

Siga Leyendo »

6/3/17

“Pacho Templete” y Roberto “el Doctor Marihuana”

Estos dos personajes de la vida en los años 60tas, marcaron una parte de la vida del barrio, ambos con sus locuras y sus ocurrencias.

Por esos años la carrera 50 estaba sin pavimentar, el matadero de esa época se encontraba en el barrio Puyana, allí algunos vaqueros de la época arreaban ganado desde la vereda La Estrella, por lo regular cruzaban las manadas a veces por el centro de Sevilla, la mayoría era ganado bien bravo y que Miranda abajo hacia correr y encerrar a más de un parroquiano,  incluso muchos almacenes de la época cerraban sus puertas cuando escuchaban el rumor que había ganado suelto, Sevilla se convertía en demostraciones de vaquería y  muchas veces en plaza de toros.

Otras veces los lograban llevar hasta el matadero, también allí se disolvía la manada o a lo mejor era el cuidandero quien abría las puertas para que el ganado quedara libre, unos salían por todo Puyana, haciendo cerrar las casas y los pocos negocios que existían, otros salían hacia el Cementerio por el barrio San Vicente.

Bajando de Puyana hacia el centro, los toros y toretes bajaban raudos y veloces, arrasando con todo lo que se encontraban en su camino,  todo el mundo corría, se convulsionaba la carrera 50, tal vez por las carreras diarias fue que a los hermanos Gabriel y Julián Giraldo Arias les nació la afición por el atletismo, fueron sus primeras carreras en la veloz  y despavorida huida  de todo el vecindario, algunos se caían, otros hacían cosas imposibles por esconderse, esta escena se repetía en todo Sevilla.

El pueblo se convulsionaba, se aceleraba, los vaqueros que casi nunca se bajaban de sus corceles, Manuel Pizarro, Carlos Cano, Demetrio Marín, Clavijo, tenían trabajo, día y noche, debían recuperar el ganado, además eran ayudados por múltiples  jinetes entre otros Maelo (le decían el cacorro), inmediatamente se daba cuenta  que el ganado se había volado, ensillaba su penco y empezaba su cabalgata,  desde casi Tres Esquinas hasta el matadero, en su camino se cruzaba con algunas reses mansas las que arreaba hasta Puyana, también los acompañaban  muchísimo personal de a pie.

Todos corrían y corrían, menos  “Pacho Templete”, ni Jairo (“Peligro”, el constructor) al llegar la dispersa manada en fila india, casi hasta la bomba CODI, los primeros toros los recibía “Peligro”, con un palustre y un dulce-abrigo rojo, les sacaba las primeras suertes, luego los libres toros encontraban a  “Pacho Templete”, bien trajeado,  periódico en el sobaco, de espaldas a los pocos novillos que venían con furia inusitada, el vecindario corría despavorido a esconderse en algunos burladeros que por allí habían, parecía la filmación de una película, y “Pacho Templete” ahí, inmóvil, hombre valiente decía yo, firme en la mitad de la calle, de espaldas a los enormes bovinos de raza cebú y tierra fría salvaje, de enormes y afilados cuerno.

Los vecinos  hablaban, las mujeres gritaban, los niños corrían, pero todos centraban su mirada en el valiente Pacho…………..Pacho, cuidado que hay vienen los toros, Pacho mascullaba,  rezongaba y miraba de reojo, cuando calculaba que el primer toro venia por ahí a unos 15 metros, sacaba el periódico de debajo del sobaco, lo abría y sacudía como queriendo alisarlo para que quedara sin arrugas, para poder tener un mejor lucimiento con temple y garbo, al enfrentar los toros  en desafiante y leal duelo, jugándose la vida al pasar uno a uno los peligrosos bovinos, en este duelo, el único que ponía su vida de por medio era Pacho,  porque él no utilizaba picadores, espada, ni estoque.

Pasaba el primero y sacaba la primera suerte, el toro seguía de largo y Pacho ahí, venia el segundo torete y cual si fuera torero profesional sacaba otra hermosa suerte, en esta ocasión una manoletina, al tercero lo esperaba de rodillas y así uno por uno, se jugaba entero como queriendo decirle al pequeño mundo y al vecindario que el de joven había sido un gran torero.

Utilizaba Pacho una serie de suertes (verónicas, chicuelinas, el faro, de derecha, media verónica, el molinete). Gran espectáculo verlo torear.

Yo siempre me pregunté porque hacia semejantes demostraciones arriesgando su vida, nunca encontré respuesta, hasta que un día me atreví a preguntarle, su respuesta, fui un torero frustrado porque no tuve apoyo de nadie.

Hoy “Pacho Templete”, muestra sus grandes dotes de torero allá en ese otro mundo.

Por suerte fui testigo, porque viví esa época tan linda con intensidad, muchos eventos los viví, hoy los siento y los recuerdo con alegría.

Roberto “el Doctor Marihuana”
Era un hombre pulcro, muy bien vestido, de saco, corbata y de una espesa y negra barba.

Cada vez que pienso en él,  siempre mi inteligencia olfativa me trae recuerdos olfativos, el olor a libro abierto, el que quienes tienen la pasión por la lectura lo recordaran, hoy me huele a páginas, a recuerdos, a cultura y a conocimiento. Ese precisamente era Roberto.

Nunca supe si era médico, filosofo, astrónomo, psicólogo o un sin-número de conocimientos, de hecho, lo que le preguntábamos, él lo sabía, casi sin lugar a equivocarme creo era médico, pero también un extraordinario filósofo, seguramente en esa época era mi ídolo, aprendí la pasión por la lectura y la filosofía.

Roberto, era ateo, pero no agnóstico, contradictorio tal cual el personaje.

El señor, era otro personaje de nuestro vecindario, diferente a Pacho Templete”, aunque ambos eran callados, con muchos hechos, pero con pocas palabras.

A Roberto solo lo dañaban dos cosas, la lectura excesiva y la marihuana, esta mezcla hizo que Roberto enloqueciera un poco por la mañana, a medias en el medio día, un poco en la tarde y se descarriaba del todo en las noches, pero no en todas, había ciertas noches del mes que, al pobre del Roberto, se desempataba del todo, al filo de la media noche, cambiaba de indumentaria, se desnudaba, se cubría desde la cabeza, cual si fuera un beduino con una sábana blanca, parecía iluminar la oscuridad de la noche, resaltaba cual alma en pena o fantasma en agonía, su alma divagaba entre el ateísmo y el cristianismo.

Caminaba dos o tres cuadras hacia arriba y hacia abajo, predicando la biblia y gritando a viva voz que él era Jesucristo, representante de Dios en la tierra, así nos entretenía hasta las tres o cuatro de la mañana.

Al día siguiente retornaba su cordura, libros, café, sabiduría y marihuana, cuando salía a descansar caminaba y caminaba, siempre desandando los pasos de la noche anterior.

Luego lo perdimos como vecino, creo se fue a vivir por la calle 54 entre La Pista y La Miranda.

Hoy predica la biblia en otro mundo, seguramente le predica a Pacho Templete” y a Álvaro Ocampo “La Pulga”, éste juega fútbol en ese mundo, para que Roberto y Pacho lo vean; y en su descanso Pacho le saca suertes con su viejo periódico a las almas de los bovinos, se divierten tal cual lo hicieron en este mundo.







Siga Leyendo »

15/2/17

El Lago del Brasil

“Primera bicicleta acuática en Sevilla”
Este pequeño cuento  es un corto homenaje al hombre que nos enseñó de pesca, de familia, de unión, de convivencia, de paz, de trabajo y de honestidad; el hombre que creó los diferentes clubes de caza, tiro y pesca entre otros: socio fundador de Club Social de Caza, Tiro y Pesca Sevilla, socio fundador del Club de Caza, Tiro y Pesca Los Viringos, socio fundador del Club de Caza, Tiro y Pesca Los Mentirosos, de este último queda aún un lote que sería la sede en el barrio Fundadores y socio fundador del Hogar San Vicente de Paúl, que se ubicaba en el barrio Monserrate, Miguel Ángel Cardona LibrerosRadio Miguel” como cariñosamente le llamábamos, él podría tener un gran libro de cuentos y de historia que se hunden lentamente en el olvido.

Por los años 60tas, cuando era yo apenas un niño, estudiaba en la escuela Armando Romero Lozano del barrio Puyana.  Casi a nuestros pies se extendía un gran reservorio de agua, un hermoso lago, el lago del Brasil, se llamaba así porque estaba en una finca del mismo nombre, con un paisaje a su alrededor hermosísimo, en el costado nororiental del lago había una caseta que se extendía como un muelle sobre parte del lago, contiguo al lago había una plaza de toros, donde seguramente habían grandes faenas en tardes domingueras y donde “don Radio” recibió más de un revolcón de las vaquillas y toretes que por supuesto no eran Miuras, claro está que el hombre a veces se jalaba sus faenas, porque tenía muy buenas dotes de torero. Allí también se organizaban festivales, convertidos en grandes bailes. Por supuesto eran organizados por don Miguel Ángel Cardona Libreros “Radio Miguel”

La sociedad sevillana concurría a la convocatoria, hermosas damas vestidas a la usanza, cual si fueran españolas, algunas portaban abanicos para espantar el intenso calor o quizás para ocultar el rubor que les producía el sofoco.

Por ese entonces Sevilla progresaba y no nos podíamos quedar a la zaga de las grandes ciudades, es así como don Miguel y su gran ingenio invento la bicicleta acuática, la cual construyo en su vivienda que quedaba por la carrera 51 (La Pista); como primera medida despojo de su bicicleta  a Héctor Fabio, su hijo, por supuesto la berreada del pobre Héctor fue mucha, aun hoy después de viejo se acuerda y lagrimea; bueno, acto seguido,  consiguió dos troncos de balso y los fue labrando y puliendo hasta tenerlos a punto, sobre ellos labro unas canales para colocar los ejes de las llantas, a su vez a las llantas les colocó aspas cual si fueran remos, al pedalear la bicicleta por supuesto avanzaba sobre el agua. Trabajo terminado, ahora al lago para la prueba, entre sus amigos la llevaron, de inmediato procedieron, la levantaron y empezaron a caminar con ella hacia la puerta, ¡oh ¡sorpresa la bicicleta no cabía por la puerta, de regreso al taller a desbaratarla y a fabricar el plano para que no se nos olvidara.

Llegaron al lago y empezó la fiesta, colocaron los balsos sobre el agua, en la parte más honda, don Miguel se subió sobre el primer tronco para nivelarlo, quedo listo, ahora subió al segundo tronco, este empezó a girar y chumbulummmm, hombre al agua, que  mala suerte, don “Radio” no sabía nadar y les toco a los asistentes mostrar sus dotes de nadadores para rescatar al ilustre inventor.

Después de este impase, quedó la bicicleta armada, bueno, al día siguiente tocaba la inauguración, cachaquito el inventor fue el primero en montar y, arranca, pedalea……pedalea y allí fue Troya, llovía de para arriba, en cada pedalazo un chorro de agua que mojaba su rostro y sus pulcras ropas, las llantas necesitaban una especie de guardabarros para guarecerse del aguacero invertido. 

Ya armada la bicicleta en la caseta del lago, ahora si a pedalear se dijo, fue un triunfo al funcionamiento de las bicicletas acuáticas, un triunfo a la inventiva, al ingenio; funcionaron durante algunos años, la vuelta al lago en la bicicleta acuática costaba entre dos y cinco centavos.

Desde ese día el lago se convirtió en una especie de sitio especial para los enamorados, se les podía ver como las chispas de amor brillaban a su alrededor.

También de algunos amigos, por allá de los lados del barrio San Vicente que se iban con su gallada, entre ellos el amigo Jaime Ospina (el popular Goido), vara de pescar o botella bien guardada, de alguna forma entretenían a Pe….Pe….Pedrito el cuidador del lago.

Pe…Pe….Pedrito era ga….ga….gago y se movilizaba  en una enorme bicicleta negra a la cual se le había borrado la marca.

Volvamos a la galladita de pelafustanillos que entretenían a Pe…Pe...Pedro para meterse bajo el muelle de la caseta que había en la parte nororiente del lago, entretenido Pe…Pe…Pedro de alguna manera, ellos pescaban Tucunares, que eran los peces que habían en el lago, armaban sus sartas y adiós pe…pe…pedrito, el pobre hombre quedaba sano.

Un día, un triste día y por las locuras del ser humano, seguramente con algún fin específico empezaron a vaciar el lago, se iba el alma de la naturaleza, se perdía para siempre el hermoso paisaje que le daba frescura y alegría a ese pedacito de tierra, con él también se iban los recuerdo, las historias de amor, los peces; y solo quedaba un enorme pantanero en su lugar; nosotros desde el patio de atrás de la escuela veíamos el horrible espectáculo y como saltaban los pocos peces que quedaban.

Uno de los jóvenes quedo extasiado viendo saltar los peces y quiso recoger algunos que salían a la orilla, con tan mala suerte que resbalo y callo al enorme pantanero, al tratar de salir de él, se fue hundiendo, perdió los pocos peces que había recogido y empezó a gritar como loco, los pocos niños que estábamos por allí corrimos al salvamento y no sabíamos cómo sacarlo del pantano, yo me quite la correa e hicimos una cadena al final lo logramos sacar a tierra firme, tenía pantano hasta en la boca, por supuesto que nosotros también quedamos bien mugrosos pero con el pecho inflado de orgullo por haber recuperado al joven Aránzazu.


Siga Leyendo »

6/2/17

Nostalgia invernal

Por estos días de cruel invierno, de ventiscas y de niebla, llegan a mi mente recuerdos de infancia y adolescencia en medio de la niebla que golpea y acaricia suavemente mi rostro, recuerdo mis días de escuela con todas sus anécdotas y pilatunas, mis días de colegio, mis amigos del alma, extraño sus risas, extraño el olor a tinta, a cuaderno, extraño los educadores de la época.

Pero siempre  todos los inviernos nos producen melancolía porque la niebla tiene un banco de recuerdos que viajan con ella hacia lugares desconocidos, inunda todos los rincones del alma hasta reventarlos en un sin número de vivencias.

Por fortuna vivo cerca donde nace la niebla, se puede decir que soy su hijo consentido porque siento sus caricias, desde muy jovencito cuando desandaba las calles de nuestro amado pueblo en compañía de mis amigos del alma, recuerdo aun esas largas discusiones alrededor de un tema cualquiera en los cuales nos creíamos expertos, éramos unos sabios, hoy  lo pienso bien, no sabíamos nada, eran solo arrebatos de muchachos con una inmensa gana de sabiduría y de aprendizaje.

La niebla desde siempre ha sido comandada por duendes, directores de travesuras, hacedores de realidades y de mitos, testigos de sucesos montañeros y pueblerinos, heridos por las balas asesinas de los violentos pero firmes en su paso creativo de pinturas y paisajes, los que hacen aparecer y desaparecer por arte de magia con la velocidad del viento amigo, nacido también en las montañas, refrescando el hermoso paisaje vallecaucano; cuando pasa por Mosul cambia inmediatamente la velocidad en la formación de los cuadros, pinturas  y paisajes, todo se hace más lento, se ha transformado en neblina, ahora sus directoras son las dulces  hadas que viajaban a la saga, esperando la claridad para dirigir la neblina y darle otro matiz a la cotidianidad, las aves se alborotan y en su cantar dan vida a los manantiales, a las flores, a las hermosas mariposas, dan vida a  la vida,  sus suaves risas  son el preludio de un buen augurio. Dirigen la neblina hasta el parque Uribe, refugio de aves y de nostálgicos recuerdos; continúan conduciendo la neblina por la calle Real, dejando su ternura en cada rincón, hasta terminar en el parque La  Concordia, lugar de reunión y de comunión de duendes, de hadas, de El Mohán, La Patasola, La Llorona, El Pollo Maligno, lugar de encuentro de todos los sevillanos, de los vivos y los muertos, de los muertos que están vivos, de las almas y espíritus que quieren vivir porque están  en la plaza La Concordia en Sevilla la del Valle del Cauca, Colombia.

De otro lado y con vientos de Occidente, llega la niebla cargada de recuerdo violentos de la Cordillera Occidental, cruzando por el río Cauca, comandada por el majestuoso Mohán, asustando a los rivereños, pescadores que en oscuras noches sienten su presencia, sus lamentos y quejidos, a los canoeros que esculcan el rio en busca de arena, que luego será vendida para obtener unos pocos pesos con los cuales podrán sostener sus familias y algo que les quede para el guaro y la rumba. El Mohán conduce la niebla hasta el piedemonte de la Cordillera Central, metiéndose por los ríos y riachuelos que desembocan al río Cauca, allí también los vientos son más suaves, convirtiendo la niebla en espesa neblina, cambia automáticamente de conductor, ya se escuchan  los lamentos de La Llorona en busca de su hijo perdido y del eco atenuado de el paso ensordecedor de La Patasola, patica que  quizá perdió en la estúpida y violenta guerra partidista que vivió nuestro país, o tal vez su espíritu divaga en busca de una muerte digna por haber perdido su patica, o por algún castigo de un desalmado colonizador o tal vez en las guerras indias de las tribus prehistóricas del Valle del Cauca; El Pollo Maligno les secunda el coro con su piar en busca de incautos que se dejen despistar para embolatarlos cual juego de niños.

Cuando la niebla venida de Occidente llega al  Balcón del Valle, Sevilla  se viste de gala, espanta las chicharras de verano que en La Concordia son por miles, las que con su agudo silbido  le suman alegría a los visitantes que a diario se sientan a contar sus historias y sus penas, todos duendes y hadas, muertos y vivos, almas en pena y espíritus chocarreros, esperan los míticos visitantes, la música inunda  el pueblo, hay fiesta, en La Concordia, se reúne Sevilla y sus recuerdos, duendes y hadas en gran algarabía, porque llego El Mohán y transforma su amargura en alegría, La Llorona encuentra a su hijo perdido, La Patasola recupera su patica y empieza a bailar,   El Pollo Maligno ya no es maligno se transforma en paloma, dejando en cada vuelo un mensaje de libertad y de paz, de alegría y de calor humano; este fenómeno solo ocurre en la plaza  La Concordia de Sevilla Valle del Cauca, Colombia.


jairvalenciagaspar@yahoo.es

Siga Leyendo »

18/10/16

Los sagrados parques sevillanos

Pequeño mundo de ilusiones, de sueños, nuestros sagrados parques tienen una energía que ha iluminado a músicos, pintores, escultores, poetas, científicos y filósofos.

El parque La Concordia ilumino la mente de todas las generaciones que por allí pasamos, allí sonaron por muchos años las afinadas cuerda de guitarra de nuestros músicos, El Conjunto Serenata, Esbardo Gaviria, Alcibíades Ocampo y otros más,     también sonaron las voces destempladas de borrachos evocando a su amada,  se juraron amores eternos que quizá hoy aún perduran,  aun hoy suenas las notas de Bandola, de la música de carrilera en sus inicios, desfilan cosecheros de café nuestro producto por excelencia, orgullo y razón de ser de nuestra identidad, sus voces se escuchan y resuenan sus historias entre la multitud, entre vendedores y culebreros, pregoneros y cuenteros, la cabecita parlante adivinando la suerte de los curiosos y el lorito que extraía la carta con la suerte o la desgracia de los parroquianos,  pero también desfilan poetas dándole luz a la sombra, color a las flores y aroma al amor, ilusiones preñadas de esperanza y  sueños convertidos en quimeras  que se esfuman cual niebla matutina.

Desfilo por el parque de La Concordia don Lino Gil, también don Hugo Toro Echeverry, y tantos y tantos grandes hombres que soñaron y visualizaron una Sevilla pujante, en paz, culta como hoy se muestras algunas chispas.

Pero también se escuchan aun las voces de tantos y tantos políticos y politiqueros que por allí desfilaron, de todos los partidos y de todos los colores, de todas las vertientes, ideologías, filosofías prometiendo cambios en nuestro municipio, departamento y nación; hoy de sus promesas no queda nada ni siquiera el bullicio y la algarabía de sus fanáticos, solo el recuerdo de las tarimas y la multitud de personas vestidas  de azul, rojo, amarillo o blanco de acuerdo al color del político de turno.

En época de violencia partidista, se escucharon disparos y granadas, causando muerte a sus contradictores, extinguiendo la vida de personas, influenciadas por los mismos politiqueros que nos visitaban; aun se escuchan los quejidos de la víctima que exhala su último suspiro y las voces del victimario evocando su respectivo partido, para luego entrar a la iglesia a pedir perdón mediante la confesión,  ante el sacerdote que al final bendecía el arma del asesino para que afinara la puntería y que su arma no le fallara cuando matara a su rival.

En el parque de La Concordia nació Sevilla, se forjo por primera vez  ese gran pueblo convertido en historia, allí en el parque aún se escuchan las voces de los primeros pobladores discutiendo con don Heraclio por la adjudicación de las tierras que ellos con hacha y machete habían colonizado en este selvático rincón de nuestro País después de haber sido desplazados de sus tierras de nacimiento por otra de las absurdas violencias creadas por la clase pudiente de nuestro Colombia, al final de innumerables diálogos con don Heraclio Uribe, resulto enamorándose de Sevilla y al final su participación en la creación de nuestro pueblo fue  el trazo del parque principal (parque  La Concordia), y el de algunas calles y carreras; don Heraclio era agrimensor y vino a estas selváticas tierra desde Tuluá en busca de un preciado mineral, valiosísimo en la época, sal, don Heraclio quería funda un pueblo y escogió el caserío de La Uribe, pero la clase burguesa del Valle del Cauca no se lo permitió, es así como continuo su camino y su idea llegando a La Selva, por la vereda La Estrella (uno de los buenos pescaderos y sitios de baño y campin de nuestro terruño), desde allí se enrruto en dirección a los salados que existen en La Cimitarra y Cumbarco. 

Recuerdo aun con mucha nostalgia el Café Vesubio, lugar donde concurrían  jugadores de billar a recrearse sanamente, hoy lo ocupa el supermercado Ara con una arquitectura diferente, el lugar que hoy ocupa el fruver La Placita igualmente cambio la arquitectura, allí tenía su ferretería don Carlos Vicente Arcila, Almacén Caviar, en la esquina enfrente de La Cascada quedaba El Club Tres De Mayo, hoy lo ocupa una enorme carpa cual si fuera circo, creando un enorme vacío en la arquitectura del centro histórico de nuestro municipio, ojala se le pueda cambiar no el negocio en sí, sino la fachada de calle y carrera. Por la carrera 51  quedaba el Almacén Odeón, otrora Jotagomez. Por el lado de la alcaldía aun hoy la familia Beltrán conserva su propiedad más o menos con la misma arquitectura, por allí mismo la panadería tendrá  que conservar la fachada original.

En resumidas cuentas  debemos volver el centro histórico de verdad histórico, porque el único testigo de todos los acontecimientos que perdura en el parque La Concordia es nuestra Basílica, con su hermosa arquitectura estilo gótico.

En cuanto al sagrado parque La Concordia,  su hermosura se compara solamente con el paraíso, cuando es adornado por el canto de los pájaros y a veces las pinturas que quedan con el paso de la neblina que alegra al Sevillano nativo,  porque en ella vienen bibliotecas enteras de recuerdos, y a nuestros visitantes porque para ellos trae un aire puro preñado de olores que bajan de las montañas, evocándoles el grano de café característico de nuestro edén llamado Sevilla, se encuentra allí un hermoso Odeón, pero es lastimoso que en las noches veraniegas cuando el sol a calentado su estructura se siente a veces un fuerte olor a orina y a veces a materia fecal, fresca cuando sus fantasmas nocturnos, los sin hogar,  hacen sus necesidades. Bueno fuera una limpieza y además llevar estos fantasmas a otro lugar para rehabilitarles sus carencias.

Arquitectura. Son unas hermosas piezas,  características de la arquitectura colonial antioqueña- por ser de un estilo propio de La Colonización Antioqueña- o simplemente arquitectura antioqueña. Regularmente los balcones antioqueños están compuestos por chambranas y calados. Las chambranas son piezas arquitectónicas hechas con barrotes verticales de macana o a veces de madera tallada o torneada; en tanto, los calados, de herencia andaluz o mozárabe en nuestra cultura, igualmente son piezas de arquitectura antioqueña a partir de adornos hechos en madera y que consisten en una serie de agujeros que forman figuras, como “arabescos”.

Como en la mayoría de los pueblos de colonización antioqueña, en Sevilla se utilizó una cuadricula que tiene como punto central la plaza que data de inicios de los años 1800 en estilos colonial y republicano gótico. La arquitectura de esta región se compone de elementos ofrecidos por la naturaleza como guadua, barro, boñiga, madera y teja de barro, estos elementos protegen las construcciones de la humedad y de los animales, la vista hacia afuera a través de miradores. Las características generales son el patio central, la construcción en forma de  L (las alcobas rodean al corredor que  une a la cocina con la casa). Arquitectura típica bien conservada y declarada patrimonio.

Parque Uribe. En décadas pasadas fue testigo de innumerables acontecimientos, allí es mudo testigo el busto de don Heraclio al cual se le rinde homenaje cada año, a veces me pregunto porque solo a él, cuando lo antecedieron otros personajes que ya estaban por estos lares.

Sobresaliente Casa Blanca, allí creo quedaba una ferretería o tal vez era una miscelánea. Los campesinos que bajaban de a caballo y con recuas de mulas las  dejaban por allí donde hoy son los juzgados, quedaba cerca a lo que hoy es el cuartel de Policía la panadería Hidalgo lugar donde comprábamos el pan y los exquisitos dulce que allí vendían.

Antes en las noches se respiraba aire puro, el cual manaba de las hermosas araucarias, hoy las araucarias están desapareciendo lentamente, nido y cobijo de bandadas de pájaros migratorios que anidaban con gran algarabía, alegrando a quienes transitábamos por el lugar, a veces nos deteníamos a verlos y escucharlos; hoy pasa uno en horas de la noche y solo se siente un fuerte olor a marihuana.

Este otro de los parques sagrados que tenemos, esta descuidado. Solo espero que si algún día decide la administración meterle mano, se respete también su arquitectura, que quien lo haga tenga la Sevillanidad, la idoneidad para que nuestro pueblo quede con un buen legado de esta nuestra generación.    

Casablanca: es una de las casas más antiguas del municipio. Su frente nos da una idea de  lo que era el paramento habitacional de La Plaza Uribe. Con el transcurrir del tiempo, se ha convertido en un emblema para los sevillanos. Es el sitio de encuentro de nativos y foráneos que quieren departir al son de música lírica, colombiana, boleros, tangos y tropical del Caribe. Su valor está representado en la colección de música de todas las épocas, las bebidas derivadas del café y los licores. Su colección musical está representada en 14 700 discos LP y de 78 y 45 RPM. Entre sus curiosidades, conserva en acetato la Novena Sinfonía de Beethoven del 11 de agosto de 1908, una hermosa cafetera italiana de 40 años y una victrola de 105 años. Allí se celebran el aniversario de Carlos Gardel, el día mundial del tango, y encuentros de coleccionistas de música caribeña. 

Exhorto al señor alcalde Dr. Fredy Omar Osorio  para que bajo su administración podamos mejorar la arquitectura de nuestros parques ya que contamos con la fortuna de pertenecer al Paisaje Cultural Cafetero, así mismo  dar uniformidad a la pintura de los diferentes viviendas y negocios que están alrededor de los parques, sabiendo que deben ser  pinturas y fachadas originales de los poblados campesinos cafeteros, de igual manera reorganizar nuestros parques, especialmente el parque La Concordia en cuanto a cargue y descargue en los diferentes negocios lo cual debería ser a una misma hora, con seguridad en la horas de la madrugada. He de anotar que debería la administración conseguir otro “club social” a las personas enfermas de alcoholismo, mal llamadas  “chirinches”, que se han  tomado pequeñas parcelas en ambos parques, algunos incomodando a  conciudadanos, especialmente a niños y damas que  transitan por allí.

jairvalenciagaspar@yahoo.es 

Siga Leyendo »